Necesitamos
una escuela llena de emociones, una escuela que se encargue y garantice
una educación afectiva y del afecto, una escuela de la escucha y no del
discurso. Una escuela que nos permita colocarnos delante de nuestros
sueños que permita a nuestra infancia que la vida le sorprenda y que
les permita tener criterio propio. El modelo educativo en el que trabajo
juega con palabras que empiezan por C: “Educar con tres Cs:
capacidades competencias y corazón”. Pueden hacen y quieren. En tres
contextos: casa, colegio y ciudad.